LA SOLEDAD DEL CARRIL DEL 6 (y a veces del 8).

Barcelona's midfielder Xavi Hernandez we

 Que un futbolista abandonara su zona de influencia (la que marcaba el número de su dorsal) fue pecado en Inglaterra hasta los años cincuenta. El delantero centro (el 9) se quedaba cerca del punto de penalti, aguantando los insultos de los centrales. El extremo (por ejemplo, el 11) se quedaba sobre la línea de cal, soportando los escupitajos del público. A un central (el 5) no se le ocurría mirar al centro del campo, su trabajo estaba en su propia área, dando puñetazos en las costillas del delantero contrario. Así estaban las cosas hasta que los húngaros salieron al campo de Wembley en 1953. La selección inglesa no había perdido, en toda su historia, un partido como local contra ningún equipo europeo y nadie en la isla se podía imaginar que la racha pudiera truncarse aquella tarde, por mucha medalla de oro olímpica que los magiares llevaran colgada del cuello. Nada más comenzar el partido, el delantero centro húngaro, Hidegkuti, abandonó su posición en el ataque y se colocó en el centro del campo. El espacio que dejó a su espalda fue aprovechado por dos de sus compañeros, dos señores llamados Puskas y Kocsis (dorsal 10 y dorsal 8), para darse un festín. El equipo nacional inglés fue desarbolado, sorprendido por la movilidad de los contrarios, incapaz de frenar los ataques de una escuadra superior táctica, técnica, individual y colectivamente. El resultado de aquel partido amistoso es de sobra conocido por cualquier aficionado con mínimas nociones de historia del balompié. Inglaterra recibió seis goles (Hungría disparó una treintena de veces a puerta) y, lo que es más importante, el entrenador magiar, Gustav Sebes, dio al mundo una lección de fútbol moderno.

Y aquí estamos ahora. De Mundial. Presenciando cómo cada país entiende y adapta el “jueguito inglés” a sus necesidades. Jugadores atletas, coberturas, presión, falsos nueves. Polivalencia. La polivalencia que cambió el mundo en los cincuenta. Los centrocampistas obligados a llegar y definir con exquisitez, los centrales obligados a sacar el balón con sentido, los delanteros obligados a bajar al centro y tocarla como un medio más. La exigencia máxima que ha superado a los nuestros. Aún estamos pasmados pero sí, estamos fuera. La selección que más ha aportado al fútbol (con permiso de los holandeses de los setenta o del signore Arrigo Sacchi) en los últimos tiempos ha sido vapuleada dos veces y ya no tiene opciones de seguir. Y todo el mundo se ha enterado. No es una paliza en un callejón, algo que puedes guardarte para ti con rabia si tienes la suerte de que nadie haya visto cómo te pateaban. No. Las bofetadas que nos dieron fueron noticia destacada en todos los periódicos conocidos. “Gilipollas”, puso en su portada (acompañando a una foto de nuestra escuadra) un rotativo paraguayo. Faltos de imaginación y sutileza, a los paraguayos, por el contrario, no les faltó mala leche. Parece que en muchos lares ansiaban la llegada de este descalabro. El advenimiento, quizá, de un nuevo mesías futbolístico. Algo, o alguien, una persona o un grupo de personas, que demostraran que el juego y los jugadores españoles ya no servían, que había que jubilarlos a ellos y había que jubilar esa tediosa letanía de pasarse la bola una y otra vez mientras los rivales miraban. Lo que mejor sabes hacer y que antes te lo daba todo, ya no vale y ya no te da nada. El desastre. Y ahora, las reflexiones. ¿Se puede jugar a lo mismo cambiando sólo los cromos? ¿Hay, en realidad, que buscar otro camino? Yo, lo tengo claro. Sin nuestro 8 (su dorsal con España, aunque casi siempre llevó el 6), un chico de pelo engominado llamado Xavier Hernández Creus al que algunos llaman con el soez apelativo pelopo, no se puede seguir con la misma estrategia empresarial. Un desastre, sí, mayor de lo que algunos imaginan.

El mejor centrocampista de la historia del fútbol español.

Porque lo es. Porque la Selección Española ha bailando cuando él ha tenido ánimo y destreza para bailar y porque (con todos los respetos del mundo para el tobillo de Iker Casillas o los goles de Villa) los éxitos de la Roja han coincidido con su buen estado de forma. Sin el toque de Xavi se acabó el toque de España.

Un 8 (o un 6) puro, un animal de centro del campo. Alguien que no defiende bien y que tampoco tiene demasiado gol. Ni falta que le hace. Por mucho que pudiera enfadarse mi buen amigo Gustav Sebes, y aunque me quiera llamar a mí mismo vanguardista en lo que al fútbol en general se refiere, en este caso concreto no tengo miedo a considerarme retrógrado, casi reaccionario. Xavi no necesitaba salir de su zona de influencia para influir en un partido (o en el fútbol mundial). En un sistema de juego (el que practicaba en su club y en su selección) que te da un sesenta o setenta por ciento de posesión, el monótono ritual de pasarse el balón en corto puede convertirse en un espectáculo anodino y fútil pero, dominar ese infravalorado arte de la entrega fácil al compañero es, precisamente, una de las suertes más complicadas de este deporte. Su físico privilegiado (porque lo tenía, que nadie se engañe) podía no permitirle robar balones continuamente pero sí le permitía aparecerse siempre al compañero y desaparecerse a los contrarios que lo buscaban. Era capaz de correr más de doce kilómetros por partido y muchos rivales llegaron a decir, textualmente, que marcarlo sobre el campo era una pesadilla porque “el cabrón no para de moverse”. Xavi suplía su “falta de gol” con un último pase definitivo. De ello se han beneficiado Torres, Villa, Jordi Alba, Messi, Pujol, Henry, Eto’o,  Pedrito, Iniesta… Haced memoria y recordad quién dio el pase al Messi que voló para batir a Edgin van der Sar, a Messi contra el Madrid, al Pujol que nos metió en la final del Mundial, a Jordi Alba frente a Italia, a Torres para que metiera su golito en esa misma final, otra vez al Niño en nuestra segunda (pero primera contemporánea) Eurocopa… Las apariciones de Xavi en la historia reciente del fútbol español son continuas y cruciales, aunque la gloria final se la lleva el goleador. Como muestra, la siguiente ristra de botones…

 

Xavi pone el balón en la cabeza de Messi…

Xavi deja solo a Henry…

Xavi gira y se la deja a Messi…

Xavi pasa al pie de Pedro…

Asistencia para que Torres engorde sus números…

Pase a Jordi Alba…

Xavi la roza para dejársela a Villa…

El saque de esquina  para Pujol…

El gol de Torres, precedido de un pase de Xavi…

El desastre.

Pues eso, ahora qué. Como Xavi no volverá a la selección (si lo hiciera sería adoptando un rol secundario y dudo que eso suceda) habrá que: cambiar la forma de jugar o confiar en los que vienen. Si el toque hasta la extenuación sigue siendo el camino para Del Bosque (o su sucesor) tras la hecatombe de Brasil, las opciones para el 8 son unas cuantas: Koke , su mezcla de físico y toque; Thiago Alcántara, el pase imposible (al aliado o al contrario); Óliver Torres, la gran (y eterna) esperanza rojiblanca; apostar por ¿Cesc Fábregas?; la transmutación de Andrés Iniesta…

Transformación, la del manchego (que es, curiosamente, el 8 del Barça), que también podría producirse en el Fútbol Club Barcelona. Porque si el drama es alarmante en la Selección Española, en el club catalán el panorama se antoja desolador. Intuyo que el toque y la posesión no se discuten en Cam Barça así que las opciones del club pasan, sólo y exclusivamente, por encontrar a un nuevo 6 (el número de pelopo en su club). Xavi ya ha decidido marcharse a Qatar. Alejado de la presión y las exigencias (para las que ya, tristemente, no está), el de Tarrasa disfrutará de un retiro dorado (o retiro negro brillante, por aquello de los petrodolares) mientras se hace a la idea de que su futuro próximo está sentado en un banquillo, como strategos de algún equipo valiente que se fíe de su buen criterio. Ese equipo será (y, si no, tiempo al tiempo) el Barça pero, claro, esa es otra hist… Las soluciones de Luis Enrique o Zubi (los mandamases técnicos en Barcelona en la actualidad) no están demasiado claras. Pasan, repito, por la transformación de Iniesta. Pasan por Rafa Alcántara, que puede hacer bueno ese aforismo, tantas veces escuchado en este “mundillo”, de “el bueno es el hermano”. Pasan por haber confiado en Cesc, aunque parece que la sempiterna cara de tonto del muchacho no daba confianza a sus antiguos jefes, que han decidido regalárselo a Mou (que, a buen seguro, sacará lo mejor de él, que nadie lo dude). Pasan por esperar la explosión de Rakitic. Pasan por el (improbable, casi imposible) fichaje de Koke. Pasan por la espectacular aparición de un coreano de los juveniles… Lo dicho, el desastre en este equipo tiene tintes de Drama Nacional Catalán. Porque Xavi, digámoslo claro, no sólo era el 8 (o el 6) perfecto (visión de juego, un último pase letal, una técnica individual exquisita), sino que también era un hombre de una gigantesca personalidad. Sabía protestar cuando debía, golpear cuando debía, reír cuando debía y alabar cuando debía. Era un hombre inteligente tácticamente y con los suficientes cojones como para hacer de entrenador (al menos durante unos minutos) si las cosas no iban bien sobre el césped. Ese era Xavi, nuestro mejor centrocampista en la historia. Porque todos estos llantos y lamentos por las dos derrotas (vergonzantes) de España en el Mundial son sólo la pequeña punta del iceberg. Se nos van muchos futbolistas, al menos tres grandes capitanes de sus equipos (Casillas y  Xavi, quizá vuelvan pero no será lo mismo; Pujol se despidió hace tiempo de la Roja) y se tambalea un estilo, el que nos dio todas las victorias que tenemos, que está puesto en tela de juicio (con justicia) por casi la totalidad de la afición. Porque pelopo es insustituible. Porque nadie podrá girar con una bola en el pie y la cabeza tan alta. Porque este es el auténtico drama que nadie apunta: que Xavi se nos va para no volver.

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4 comentarios en “LA SOLEDAD DEL CARRIL DEL 6 (y a veces del 8).

  1. Gran post. Muy de acuerdo. Xavi ha sido uno de los más grandes y lo echamos ya de menos. Los genios hacen que lo difícil parezca fácil, por eso a veces tardan en ser valorados por la mayoría de sus cohetáneos. Me quito el sombrero ante el artífice de nuestra mejor selección de la historia. Cuando éramos imbatibles. Snif.

    • Gracias, me alegra que te guste. Quizá, en algunos momentos, me ha podido la pasión pero (es evidente) tengo gran debilidad por Xavi. Hay que tener fe… si algo tenemos en el fútbol español (y algo produce la Masía a espuertas) es una buena cantidad de buenos centrocampistas. Un saludo.

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