FINGIR DESPERTAR.

 

Nos vamos y volvemos. Nos despedimos de la vigilia y aparecemos en otro lugar. Abandonamos ese lugar y aterrizamos, de nuevo, en la vigilia. Un suceso ordinario que todo individuo experimenta diariamente. Un trance trivial de nuestro mundo real que, curiosamente, puede resultar crucial a la hora de comprender el ficticio universo de algunos creadores. Un trance trivial tan crucial a la hora de entender las historias que algunos cineastas se han propuesto contarnos. Un trance trivial escenificado, con más o menos maestría, cientos de veces en una pantalla. Un buen puñado de histriones fingiendo que despertaban.

 

Klaus Kinski.

En la película “Niños, madres y un general” (Kinder, Müter und ein General), Kinski interpreta a un oficial nazi que lleva a un grupo de niños hacia el frente. Una reacción de este personaje, el momento en que lo despiertan al amanecer, es comentada con veneración por Werner Herzog en su documental “Mi enemigo íntimo” (Mein liebster Feind). El director alemán admite que ese instante, que presenció por primera vez cuando tenía quince años, cambió su vida por completo, decidiendo, incluso, “…su futuro profesional…”

 

 

Jack Nicholson.

Dando forma a ese genial individuo llamado Randle Patrick McMurphy, Nicholson crea un muestrario de sensaciones humanas. Su trabajo en “Alguien voló sobre el nido del cuco” (One flew over the cuckoo´s nest) debería ser el ejemplo de perfección al que aspiren los proyectos de actor del mundo entero. Durmiéndose, despertándose, de genio ese breve tembleque mañanero, la potencia de sus gestos abruma. No pretendo descubrir nada, sí me afano en lograr que a nadie se le olvide…

 

…que este vejete, aparentemente inofensivo, es nuestro mejor actor vivo…

 

 

Robin Williams.

Es su cabezada y posterior gruñido lo que nos descubre que Leonard se ha marchado. El cómico despertar del doctor sustituye al del paciente en “Despertares” (Awakenings). Penny Marshall nos impide ver al señor De Niro abriendo los ojos y retornando tras años de postramiento. ¿Demasiado para el actor? Lo dudamos mucho…

 

 

Leonardo DiCrapio.

La vuelta al mundo real tras un viaje demasiado largo. Los desconfiados e incrédulos ojos de Leonardo en esta historia de vigilia y sueño, o de extrañas y paralelas realidades, que es “Origen” (Inception).

 

 

Juliet Binoche.

El abrupto despertar de Julie en “Tres colores: Azul” (Trois couleurs: Bleu), convirtió a Juliet Binoche en mi Klaus Kinski particular. El viaje de esa mujer francesa, su huida de una sinfonía que la acosa y que supone el recuerdo de un pasado lacerante, mostró definitivamente al mundo la fuerza de ese titán del arte llamado Krzysztof Kieslowski.

 

 

Ese actor desconocido…

…que, agotado, cae rendido en el bus (0:15).

 

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