Mi amigo del gimnasio.

Mi amigo del gimnasio.

Lo conozco, no en profundidad, desde hace años. En el instituto era un tipo peculiar. Los de imaginación intensa pensarán en un chico solitario y misterioso, al que nadie conoce bien pero que encierra un universo interior fascinante. Mi amigo no era un vampiro de Crepúsculo, no. Mi amigo no era de ésos. Mi amigo, ya a los quince años, prometía bastante.

Coincido, quince años más tarde, habitualmente con él en el gimnasio. Cuando se cruza conmigo me saluda efusivamente, como si no me hubiera visto en una década. Me golpea contundentemente la espalda y, a voz en cuello, me pregunta por mi novia, mis proyectos y, casi sin darme tiempo a responder (lo que me hace pensar que, en realidad, no le interesan absolutamente nada ni mi vida marital ni mis aspiraciones personales) me confiesa con resignación y gravedad: “…tío, las mujeres están acabando con los hombres. Ahora somos el sexo débil…” Tras la reflexión antropológica, espera mi respuesta y, tras decirme que no me oye (aunque es cierto que yo suelo hablar bastante bajo, empiezo a valorar la posibilidad de que esté totalmente sordo) va hacia una de las máquinas electrónicas que le informan sobre su rutina deportiva  diaria y, pegando la nariz a la pantalla de la misma (es insólito pero es posible que tampoco vea demasiado bien), analiza sus ejercicios. Todos los días que me ve se repite el mismo ritual. Siempre. El maldito día de la marmota…

Ayer, me pidió que lo ayudara a levantar una barra de hierro. No me alarmó, obviamente, su petición. Este tipo de actos de camaradería son muy habituales en las palestras. Lo que me hizo arrugar la nariz fue que, mientras levantaba el peso, se puso a tararear la canción con que la dirección había decidido martirizarnos aquella mañana: “Ai se eu te pego”. Al finalizar su ejercicio siguió tarareando y, ante mi estupor, comenzó a “mover” sus extremidades desacompasadamente. En un alarde de imaginación, descubrí que su cuerpo convulso intentaba reproducir el baile oficial de la canción brasileña en cuestión. Mientras me deleitaba con aquel desagradable espectáculo, me interrogó: “…es que no te gusta Michel Teló, tío..?”. Boquiabierto, evoqué nuestras mocedades comunes, aquellos años de instituto en que mi amigo pidió a nuestro profesor de latín que lo llamara Dickinson. No doy crédito a lo que veo o experimento. Una de las posibles explicaciones: una enfermedad degenerativa que afecta a la memoria, a la vista y al oído y que, a la par, puede alterar la idiosincrasia del individuo convirtiéndolo en un cani de mal gusto, sin importar que el sujeto hubiera sido un acérrimo fan de Iron Maiden…

Tras el baile, me asió por un brazo y me condujo a la zona del gimnasio donde se encontraban los balones medicinales. Una vez allí, me propuso un ejercicio: uno frente al otro, a unos cuatro metros de distancia, debíamos lanzarnos, levantándola sobre nuestras cabezas, una pelota de cuatro kilos de peso, imitando una suerte de saque de banda futbolístico. Accedí un tanto receloso y, cuando empezaba a darme cuenta de lo ridículo que resultaba todo aquello, mi amigo volvió a hacerme una confesión: “…Jesús, menos mal que vengo a descargar adrenalina al gimnasio porque estoy muy resentido…” Mi imaginación se disparó. El gimnasio se convirtió en el patio de un arcaico frenopático donde, mi amigo y yo, jugábamos con nuestra pelotita de cuatro kilos, rodeados de seres deformes a los que se les caía la baba y vigilados por enfermeros que protegían sus cabezas con enormes jaulas de hierro oxidado. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. En uno de los lanzamientos, atrapé aquella pelota verde, la coloqué delicadamente en el suelo y, tras despedirme cortésmente de mi amigo, huí hacía los vestuarios.

Sé que exagero. Sé que abuso de la hipérbole. Al fin y al cabo, mi amigo parece un chico muy normal, siempre saluda…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s